El viejo y el mar - Ernest Heminway
Qué reflexiones tan más hermosas tiene este libro. Hablar sobre la mar como una mujer con cambios misteriosos regidos por la luna. Hablar de los peces y los pájaros como hermanos. El señor Santiago es un ser humano ejemplar, no se rindió y aguantó, como él decía, lo que fuera necesario para cumplir su objetivo. Tanta sabiduría en un hombre, solo, ganándose la vida con sus propias manos y herramientas. Decía que había nacido para ser pescador. Yo pienso que los seres humanos no nacen para algo en específico, no nacen con una profesión, pero sí con ciertas habilidades y gustos que facilitan dicha actividad. Me gustó la parte en la que hablaba al pez cuando éste lo arrastraba mar adentro. Cuando se preocupaba por si tenía hambre o estuviera cansado. Siempre tenía piedad y no dejaba sufrir mucho lo que pescaba. Y estuvo muy poética la parte en la que menciona que quería utilizar la espada del pez amarrada a un remo para luchar juntos contra los tiburones. A veces en la vida, pienso que se lucha y se lucha por algo mucho tiempo, y lleva sudor y esfuerzo, y al final no se obtiene lo que se planeó obtener, sin embargo se obtiene algo más valioso: la experiencia, enseñanzas que se tuvieron en el proceso. No fue una derrota para Santiago, yo estoy orgullosa de él aunque no hubiera llevado el pez completo. Él mismo se arrepentía de haberlo matado, pues al final no logró llevar nada para vender. Cuando le atravesó con la lanza, dijo haber sentido su corazón. Se hicieron amigos y uno mató al otro. Y al final no quedó nada, solo en su corazón el recuerdo de aquel grandioso pez al que estuvo vinculado mientras le daba caza y al que estará vinculado el resto de sus días. Se alegraba de no tener que cazar a las estrellas, al sol o a la luna que eran inalcanzables. Decía: qué suerte que solo tengo que pescar este enorme pez. Me recuerda a la frase que dice que todo es imposible hasta que se hace.



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